Viaje a la Luna

Annia Domènech / 27-06-2006

"No es imposible que el viaje sea posible, pero es posible que sea imposible" se afirmaba en una obra de teatro del tiempo de Julio Verne. Hablaba de un Viaje a la Luna, uno de tantos imaginados antes de que el escritor francés escribiera el suyo.

Nuestro satélite era entonces el destino habitual de la fantasía humana. Estaba aquí al lado, y soñar con ir más lejos era mucho soñar. Marte, con sus supuestos canales artificiales, le robaría tiempo después el protagonismo.

Con la cabeza en la Luna debe ser difícil mantener los pies en el suelo. Sin embargo, Verne supo trazar un relato en muchos aspectos visionario del viaje que realmente tendría lugar casi un siglo después, en 1969, cuando la nave Apollo XI alunizó y Neil Armstrong pronunció la famosa frase: "Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la Humanidad".

En la novela, cuya mayor parte está dedicada a los preparativos para el lanzamiento, dos americanos y un francés viajan en una especie de proyectil de aluminio que es disparado por el Columbiad, un gigantesco cañón de 300 m de largo instalado en Florida. Es interesante destacar que Cabo Cañaveral, uno de los lugares de lanzamiento actuales, está situado en el mismo Estado. Lo cierto es que, en la realidad, la aceleración de partida aplastaría a los protagonistas, y que la "bala" ardería en su paso por la atmósfera terrestre. En la época de Verne era difícil suponer que un cohete pudiera ser utilizado como vehículo espacial.

El envío de un cuerpo al espacio exterior requiere que éste alcance una velocidad suficiente con el fin de escapar a la atracción de la gravedad terrestre, como se explica en Viaje a la Luna. Verne tampoco olvida la necesidad de regenerar el aire del habitáculo con clorato de potasio, que libera oxígeno, y potasa cáustica, que absorbe gas carbónico. Aprovecha para explicar la diferencia entre una lente y un telescopio. De hecho, en su siguiente novela, Alrededor de la Luna, describe nuestro satélite natural tal y como se conocía entonces gracias a dichos instrumentos: las planicies grises, llamadas mares, las cadenas de montañas, la ausencia de una atmósfera densa, los cráteres… Se pensaba que estos eran formaciones volcánicas o cavidades de cuando el globo lunar no era todavía sólido, no que eran resultado de impactos de meteoritos. De hecho, en esta novela un meteorito desvía de su trayectoria la "bala", la cual, retenida por la gravedad de la Luna, se sitúa en su órbita.

En un momento dado, los viajeros Alrededor de la Luna distinguen lo que semejan indicios de vida en el hemisferio posterior, la cara oculta vista desde la Tierra. En la época del escritor francés había un debate abierto sobre si nuestro satélite estaba habitado o no. El conocido astrónomo Camille Flammarion dedicó un capítulo entero de su Astronomía popular a esta cuestión. Verne se mostró prudente en sus elucubraciones, pese a que creía que habían existido formas similares a las terrestres ya extintas.

La ingravidez aparece cuando un cuerpo no siente la atracción de la gravedad, como en el interior de un cohete a velocidad constante. El escritor defiende equivocadamente que sólo donde la atracción terrestre y la lunar se equilibran hay ingravidez. En cualquier caso, es la que hace flotar a sus astronautas, quienes sin embargo consiguen brindar tranquilamente. Años más tarde, Tintín será incapaz de hacerlo, puesto que ya se sabrá que los líquidos en esa situación se posicionan en círculos.

En Hector Servadac, la historia es inverosímil: el cometa Gallia arranca un trozo de nuestro planeta con unos cuantos europeos encima. Estos viajarán dos años cruzando el Sistema Solar. Una vez de regreso a la Tierra, serán incapaces de decir si lo que han vivido ha sido real. El viaje sirve para explicar cómo son los planetas en tamaño, masa y órbita. Debido a que el análisis del espectro electromagnético estaba en sus inicios (fue inventado en 1859), no incluye su composición físico-química. En los libros de Verne existe un paralelismo entre los conocimientos del momento y lo que cuenta el escritor. Por ejemplo, de los satélites de Júpiter sólo menciona los cuatro descubiertos por Galileo, puesto que hasta 1892 no se halló el quinto. En cuanto a Saturno, habla de ocho (Febe no se encontró hasta 1898).

Otro ejemplo es que los aventureros casuales atraviesan una zona de asteroides entre Marte y Júpiter, que fue uno de los hallazgos más importantes del s. XIX. El primer asteroide, Ceres, fue descubierto en 1801. Como suele ocurrir en los libros de Verne, realidad y ficción se amalgaman. El planeta Nerina, que en la historia captura al cometa Gallia, no existía, aunque años después se dio este nombre a un asteroide. Además, Gallia no es un cuerpo realista. Su tamaño es de centenares de kilómetros (mientras que los núcleos cometarios sólo tienen unos cuantos) y su densidad es demasiado elevada (los cometas son bolas de nieve sucia).

Algunas de las cuestiones debatidas entonces continúan siendo debatidas ahora. Por ejemplo, Verne menciona que los asteroides proceden de la explosión de un cuerpo planetario (actualmente se piensa que proceden de la nebulosa original, que no se amalgamó en planetas por la atracción generada por Júpiter). Los anillos de Saturno también provendrían de la misma nebulosa, pero en este caso la hipótesis todavía es aceptada (aunque se opina que la rotura de algunos satélites saturninos podría haber contribuido a su formación). Sin embargo, el escritor considera que los anillos son todos de una pieza, lo que es falso.

Desde 1676 (y antes, aunque se ignoraba), la luz se propaga a la velocidad finita de 300.000 km/s. Igual que nosotros vemos cómo son los cuerpos celestes en el pasado, Verne imaginó que un espectador a diferentes distancias de la Tierra "presenciaría" distintos momentos históricos. Igualmente elucubró sobre el espectáculo magnífico que podría observarse desde la superficie de los planetas de estrellas dobles o múltiples. En ese momento ya se conocía que las estrellas son soles extremadamente lejanos.

El conocimiento genera conocimiento. En el mundo de Verne, parece que la imaginación también.

Comentarios (12)

Compartir:

Multimedia

El autor

Annia Domènech es Licenciada en Biología y Periodismo. Periodista científico responsable de la publicación caosyciencia.

Ver todos los artículos de Annia Domènech

Glosario

  • Satélite natural
  • Telescopio
  • Meteorito
  • Gravedad
  • Órbita
  • Planetas
  • Sistema Solar
  • Espectro electromagnético
  • Asteroide
  • Cometas
  • Luz
  • Estrella
  • Lentes
  • Aluminio
  • Atmósfera terrestre