Ciencia de la caballería (ciudadanía) andante

Inés Rodríguez Hidalgo / 23-12-2005

Donde se da nueva y discreta lectura al capítulo XVIII de la Segunda Parte de El Quijote, con el sabroso provecho que della se saca.

Sepan vuesas mercedes que en el dicho capítulo, parando Don Quijote en la casa del Caballero del Verde Gabán, fue preguntado por un hijo suyo poeta sobre qué cosa era la "ciencia de la caballería andante", a lo que dióle el de la Triste Figura tan cumplida y sensata respuesta que Don Lorenzo, que así se llamaba el mozo, no pudo a lo primero tenerle por loco.

Y dígoos que la autora viene agora en ofrecer distinta leyenda de aquellos párrafos, de la que sacarse puede una nada mocosa lista de saberes la cual, aun a riesgo de parecer ella mentecata, juzga que, en estos nuestros días, debería ser la "ciencia de la ciudadanía andante".


Capítulo XVIII, segunda parte de el Quijote de lo que sucedió a Don Quijote en el castillo o casa del Caballero del Verde Gabán, con otras cosas extravagantes.

"(...)
–Hasta ahora –dijo entre sí don Lorenzo– no os podré yo juzgar por loco; vamos adelante. Y díjole:

–Paréceme que vuesa merced ha cursado las escuelas: ¿qué ciencias ha oído?

–La de la caballería andante –respondió don Quijote–, que es tan buena como la de la poesía, y aun dos deditos más.

–No sé qué ciencia sea esa –replicó don Lorenzo–, y hasta ahora no ha llegado a mi noticia.

–Es una ciencia –replicó don Quijote– que encierra en sí todas o las más ciencias del mundo, a causa que el que la profesa ha de ser jurisperito, y saber las leyes de la justicia distributiva y comutativa, para dar a cada uno lo que es suyo y lo que le conviene; ha de ser teólogo, para saber dar razón de la cristiana ley que profesa clara y distintamente adondequiera que le fuere pedido; ha de ser médico, y principalmente herbolario, para conocer en mitad de los despoblados y desiertos las yerbas que tienen virtud de sanar las heridas, que no ha de andar el caballero andante a cada triquete buscando quien se las cure; ha de ser astrólogo, para conocer por las estrellas cuántas horas son pasadas de la noche, y en qué parte y en qué clima del mundo se halla; ha de saber las matemáticas, porque a cada paso se le ofrecerá tener necesidad dellas; y dejando aparte que ha de estar adornado de todas las virtudes teologales y cardinales, decendiendo a otras menudencias, digo que ha de saber nadar como dicen que nadaba el peje Nicolás o Nicolao; ha de saber herrar un caballo y aderezar la silla y el freno; y volviendo a lo de arriba, ha de guardar la fe a Dios y a su dama; ha de ser casto en los pensamientos, honesto en las palabras, liberal en las obras, valiente en los hechos, sufrido en los trabajos, caritativo con los menesterosos y, finalmente, mantenedor de la verdad, aunque le cueste la vida el defenderla. De todas estas grandes y mínimas partes se compone un buen caballero andante; porque vea vuesa merced, señor don Lorenzo, si es ciencia mocosa lo que aprende el caballero que la estudia y la profesa, y si se puede igualar a las más estiradas que en los ginasios y escuelas se enseñan.
(...)"


De lo que dijo entre sí Don Quijote, mareado como estaba de tanto pasmo y maravilla, tras una visita al siglo XXI.

–¡Cuerpo de mí!, que verdaderamente me parece que en esta edad y siglo, no sé si dichoso ni dorado, debería cualquier ciudadano aprender una nada mocosa lista de saberes. Ha de conocer la humana anatomía, y elementalmente el modo como funcionan su cuerpo y su mente, qué sea eso del adeene y los genes, o como diablos se llamen, y qué aquella admirable historia de la evolución; ha de entender siquiera un dedito de geografía, geología, astronomía y cosmología, para saber en qué parte del universo se halla, y cómo debe cuidarla y conservarla; ha de haber oído los tamaños y distancias, los tiempos y eras del mundo; ha de saber las matemáticas y entender la que llaman estadística, porque a cada paso se le ofrecerá tener necesidad dellas; y, aunque no se le alcance cómo funcionan, veo que ha de saber emplear un sinnúmero de extraños instrumentos y ser juicioso en su manejo, y prudente en el uso de eso que dicen energía; y no le queda más remedio, en fin, que ser razonable en sus pensamientos, curioso y reflexivo ante los avances, desconfiado frente a los vendedores de mágicas soluciones, y sensato en las decisiones para las que le fuere pedida opinión.

De todas estas grandes y mínimas partes me conformaría yo que se compusiera la ciencia de la ciudadanía andante, que así el caballero como el mochacho, la dama como el estudiante, y el hombre como el viejo, todo vecino de a pie, no puede menos que conocerla y profesarla, para vivir en estos años de dos mil y tantos, tan alborotados como esperanzadores.
(...)

Comentarios (3)

Compartir:

Multimedia

El autor

Inés Rodríguez Hidalgo es Doctora en Físicas (especialidad Astrofísica) y Profesora del Departamento de Astrofísica de la Universidad de La Laguna. Actualmente es Directora del Museo de la Ciencia y el Cosmos.

Ver todos los artículos de Inés Rodríguez Hidalgo

Glosario

  • Astrología
  • Astronomía
  • Cosmología