Un año hablando del cielo

Inés Rodríguez Hidalgo / 20-08-2003

caosyciencia cumple un año de vida y, para ver qué le reserva el destino, ha consultado su horóscopo a escondidas, no sea que algún científico se entere y la echen del Instituto de Astrofísica de Canarias, donde las pseudociencias no son bien recibidas, y con razón. Ella lo sabe, pero no puede resistirse a aprender que los Leo simbolizan la energía, la creatividad, el espectáculo, la fama... y otras cosas que no le gustan tanto, pero esas no se las cree. Además, parece que este mes su carga planetaria incluye una explosión de energía cósmica que la sitúa en su mejor momento.

Pero, ¿es caosyciencia realmente una Leo?

Como nada es lo que parece y nuestra publicación quiere estar segura de su futuro, ha preguntado a la astrofísica, que no astróloga, Inés Rodríguez Hidalgo, quien amablemente ha accedido a contarle sus experiencias sobre el amor y los horóscopos.

Amores y zodiaco

Inés Rodríguez Hidalgo

Pero qué mala leche he tenido yo en mi vida con los novios, de verdad. Y mira que me he fijado un montón en lo de la compatibilidad de los signos, pero es que, ni aun así. Verán: yo soy Tauro; ya cuando era adolescente me leí yo las características de los Tauros y vi que era una Tauro total: ya saben que los signos de Tierra somos muy estables, pocas circunstancias consiguen alterarnos, nos gustan las buenas cosas de la vida y cuidamos bien nuestro dinero. Mi signo está regido por Venus, mi metal es el cobre, mi día, el viernes, mi color, el verde, mi perfume, el azahar y mi piedra, la esmeralda. Lo más importante es que en el amor, en las relaciones, los Tauros somos muy físicos, para nosotros son muy importantes la sexualidad y la sensualidad; y si decidimos ser fieles somos super fieles.

Sabido esto, lo primero de todo era buscar un signo compatible conmigo. De entrada, podía ser también de Tierra, es decir, otro Tauro, o Virgo, o Capricornio, o de agua, como Cáncer, Escorpio o Piscis. El primer novio que yo tuve era del 19 de noviembre; en cuanto me lo presentaron pensé: qué estupendo, un Escorpio, un signo tan apasionado, aparentemente caótico y destructor, pero realmente lleno de sentimientos místicos y profundos acerca del sexo. Me tiré a fondo, claro... pero aguantamos poquísimo. Yo no podía entenderlo, él me parecía demasiado equilibrado, racional... hasta que alguien me explicó lo de la verdadera duración de los signos. ¿No saben eso? Bueno, ¿saben lo que es el zodiaco? Mejor empiezo por ahí: la cosa es que las estrellas que están muy lejos prácticamente no se mueven nada, y como la Tierra da una vuelta alrededor del Sol en un año, pues el Sol va recorriendo un camino aparente en el cielo que se llama la eclíptica, y que realmente es la línea en la que el plano de la órbita de la Tierra corta al cielo. Los planetas siempre se ven cerca de ella porque los planos de sus órbitas son próximos al de la nuestra. El zodiaco es una banda a los dos lados de la eclíptica con la anchura de mi mano abierta a la distancia del brazo extendido. Las constelaciones (esos grupos de estrellas que parecen formar un dibujo en el cielo, aunque a lo mejor realmente no tienen nada que ver unas con otras, ni están cerca, ni nada) que caen en esa banda son las 12 del zodiaco: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. Entonces se dividen los 360 grados del cielo en 12 trozos iguales de 30 grados, que corresponden aproximadamente a un mes cada uno, y la constelación más importante de esa región es la que da nombre al signo, empezando desde el equinoccio de primavera, el 21 de marzo. Esa fecha coincide con el corte entre la eclíptica y el ecuador celeste, es el momento en el que el Sol sale exactamente por el punto Este del horizonte, y el día y la noche duran lo mismo. El signo de cada uno lo marca la constelación donde estaba el Sol en el momento de nuestro nacimiento. Ahora bien, resulta que las constelaciones no son todas igual de grandes sobre el cielo; por ejemplo, Virgo es enorme y debería durar 45 días; Leo y Piscis también son bastante grandes, les tocarían 37 y 38 días respectivamente; pero Escorpio es una birria y le corresponde una semanita escasa. Total, que mi primer novio realmente no era Escorpio, sino Libra, un signo de Aire, que se lleva mal con los de Tierra, en particular con una Tauro como yo. Esa debió ser la causa de la ruptura, vamos, digo yo...

Pasando el tiempo conocí a otro chico con una labia, que me pareció tan simpático... pero no quise dejarme engañar por las apariencias y a la primera oportunidad le pregunté su fecha de nacimiento. 8 de diciembre, me dijo. ¡Cuidado!, pensé, es un Sagitario, signo de fuego; claro, buenos comunicadores, con facilidad de palabra... pero seguramente demasiado impulsivo y muy picaflor para el amor. Así que le dejé pasar sin insistir, pero me quedó más pena... Después me enteré que al menos debería haber probado. Y eso por otra puñetita astronómica que no conocía yo. Resulta que a los antiguos las constelaciones que les parecieron más llamativas en la banda del zodiaco son las 12 que conocemos... ¡pero hay muchas más! Realmente la zona por donde se ve siempre al Sol y a los planetas incluye nada menos que 24 constelaciones. Y si se cuenta también a Plutón, que tiene la órbita más inclinada, hay que añadir otras 4. En cualquier caso, hay una oficialmente reconocida como que tiene que pertenecer al zodiaco por narices: se llama Ofiuco, y va del 30 de noviembre al 17 de diciembre. Así que mi segundo pibe era un Ofiuco, y ese signo está sin catalogar, igual podíamos haber encajado tan ricamente, y yo sin saberlo.

Cuando conocí al que fue mi tercer novio yo iba mogollón de resabiada: antes de nada, por referencias, supe que era del 20 de octubre, es decir, teóricamente un Libra. Ya tenía yo mala experiencia con Libras de verdad, así que miré en Internet una buena tabla que incluyera Ofiuco y que diera las duraciones reales de las constelaciones, y comprobé que realmente el chico era Virgo (de signo, quiero decir). Virgo es un signo de Tierra, como el mío: fantástico, según dicen los manuales de Astrología “Tierra con Tierra puede transformarse en una colosal montaña de fe y vigor... o en un desierto árido según la dirección que tome. Cuando se agita, el resultado puede ser un terremoto con repercusiones volcánicas. La opción depende de ambos”. Esto del final ya me lo olía yo, claro... pero lo primero prometía bastante. Empezamos a salir, y al principio todo iba super bien... hasta que alguien me habló de la precesión de los equinoccios. ¿No les suena? Les cuento: no sé si saben que el Norte del cielo, que lo marca la Estrella Polar, aunque parezca mentira, no ha estado siempre en el mismo sitio. Ese punto es la prolongación del eje de rotación terrestre; y resulta que la Tierra gira como un trompo, o sea, que cabecea lentamente. Así, el punto Norte describe una circunferencia en unos 26000 años, por lo que se mueven los puntos cardinales y, en consecuencia, también las constelaciones por las que el Sol “pasa” a lo largo del año. En concreto, desde que se “inventaron” los signos del zodiaco se ha producido un desplazamiento hacia atrás de más de una constelación. Actualmente el 21 de marzo el Sol ya no sale en Aries sino en Piscis, y dentro de poco, en Acuario. Y así con los demás signos. Volviendo al pobre chico del 20 de octubre, resulta que, en verdad, era un Leo, signo de Fuego, otra vez difícilmente compatible con una Tauro como yo... Además dicen que los signos tienen mucho que ver con el animal que representan, y ustedes verán, un toro con un león, ni de coña. Lo dejé plantado, claro, qué necesidad de andar sufriendo otra vez.

Lo cierto es que, más tarde, me paré a pensar que mi signo real también debía desplazarse hacia atrás, o sea, que seguramente yo soy Aries, signo de Fuego. Miré las características de los arianos, y la verdad, yo no sé cómo he podido pensar que era una Tauro auténtica. Siendo Aries yo encajaba perfectamente con el Libra teórico que en realidad era un Virgo que debía ser un Leo... Yo ya no sé de quién fiarme. Pero hay que ser optimistas: supongamos que yo sólo soy compatible con un signo, el que sea; si somos unos 6000 millones de personas en el mundo, y esencialmente nos clasificamos en 12 tipos de personalidad, uno por signo, debe haber unos 500 millones de seres humanos, pongamos que la mitad varones, compatibles conmigo. Será cuestión de tiempo dar con el candidato adecuado.

Y si no, me paso al horóscopo chino. Total, me parece a mí, que debe tener más o menos el mismo fundamento que el occidental...

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El autor

Inés Rodríguez Hidalgo es Doctora en Físicas (especialidad Astrofísica) y Profesora del Departamento de Astrofísica de la Universidad de La Laguna. Actualmente es Directora del Museo de la Ciencia y el Cosmos.

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