¿Por qué Canarias?

Antonia Mª Varela / Casiana Muñoz-Tuñón / 18-10-2007

No es por casualidad que el Archipiélago Canario alberga el Observatorio del Roque de los Muchachos (ORM) en la isla de La Palma y el Observatorio del Teide (OT) en Tenerife, del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). Hay que agradecérselo a los factores climatológicos y geográficos del lugar, que determinan la excelente calidad del cielo para las observaciones astronómicas.

Canarias está situada a unos 28º norte de latitud y entre 16º y 18º de longitud oeste. Su cercanía al ecuador terrestre permite ver todo el hemisferio norte celeste y parte del sur. Los vientos alisios, producto del anticiclón de las Azores, favorecen las temperaturas suaves y moderadas, a las que también contribuye la corriente marina fría que baña las islas, responsable de evitar las tormentas, frecuentes en otras islas tropicales. Asimismo, pese a que el origen volcánico del archipiélago induce a pensar en una elevada incidencia de terremotos, como ocurre en Hawai, no se registran movimientos sísmicos importantes que pudieran condicionar el futuro de las instalaciones sitas en las islas debido a que éstas son relativamente jóvenes, tienen de tres a cuatro millones de años (Anguita y Hernán, Journal of volcanology and geothermal research, Vol.103, 1-2000).

A causa de una inversión térmica, existen dos capas de la baja atmósfera o troposfera bien diferenciadas y separadas físicamente por el llamado "mar de nubes" o estratocúmulos , a una altura entre 1.200 y 1.600 m de altitud. Por encima, los vientos dominantes son secos, hay menos movimientos turbulentos y la atmósfera es más transparente. El mar de nubes evita, además, en gran medida la contaminación lumínica debida a poblaciones cercanas. Para que los telescopios aprovechen estas condiciones, los observatorios se sitúan a 2.400 m sobre el nivel del mar, altura a la que, además, la presencia de cirros es poco frecuente.

Pero no todo son ventajas para la observación astronómica en estas islas. Su proximidad a las costas africanas del desierto del Sahara hace que, esporádicamente, el polvo sahariano enturbie su cielo. Sin embargo, sólo supone un problema en la observación aproximadamente en un 7% de las noches, coincidiendo, además, habitualmente con cirros. Del ya alto porcentaje de tiempo útil que se disfruta en ambos observatorios, una fracción muy elevada (80%) son noches de excelente calidad, con una atmósfera transparente y estable. Resultados comparables sólo se encuentran en los observatorios de Hawaii y en el hemisferio sur en Chile.

Por otra parte, Canarias disfruta de la Ley de Protección del Cielo, que regula la iluminación de exteriores, la potencia radioeléctrica, las industrias contaminantes y el tráfico aéreo sobre los observatorios para evitar la contaminación lumínica. Ésta se define como el brillo o resplandor de luz en el cielo nocturno producido por la reflexión y difusión de la luz artificial en los gases y partículas del aire; e impediría la observación de objetos débiles o de bajo brillo.

¿Desde cuando se sabe que las Islas Afortunadas lo son también para la Astronomía? En el verano de 1856, el profesor C. Piazzi Smyth organizó un experimento en Guajara (Tenerife): a 2.715 m de altitud la cumbre más elevada del Teide, al sur de la Caldera de las Cañadas. Este Astrónomo Real de Escocia seguía la sugerencia de Isaac Newton en Opticks (1730): los telescopios deben ser instalados donde la atmósfera sea más serena y estable, tal y como se encuentra probablemente en las cimas más altas de las montañas, por encima de la capa de nubes. Un año después, en su libro Teneriffe: An Astronomer's Experiment or Specialities of a residence above the clouds (Novell Reeve,1858) , Smyth destacó las ventajas del Teide para la medición y detección de estrellas débiles, no detectables en Edimburgo (Escocia), así como la calidad de los anillos de difracción en el foco del telescopio (bajo seeing).

A principios del siglo XIX, Johan H. Schroeter (1745-1816) dio el nombre de Pico Teide a una pequeña estructura lunar situada en el Mare Imbrium (Mar de Lluvias). En la segunda mitad del mismo siglo, William R. Birt llamó Montes de Tenerife a unas montañas lunares cuyas coordenadas son 47ºN, 13ºO. Lo hizo en memoria de la expedición a Tenerife en 1856 del astrónomo inglés C. Piazzi Smyth, el cual también fue honrado con otro cráter lunar.

En junio de 1895, Knut Angström y sus colaboradores se instalaron inicialmente en el antiguo emplazamiento de Smyth, en Alta Vista, a una altura de 3.252 m, donde realizaron las primeras mediciones fiables de la radiación solar a diferentes altitudes. Posteriormente, y bajo los auspicios de l´Association International contre la Tuberculose, el Prof. Panwitz organizó en 1910 otra misión científica con el fin de efectuar observaciones del cometa Halley en la vecindad de su perihelio. En esta expedición intervino Jean Mascart, astrónomo del Observatorio de París (Francia), quien relata literalmente en uno de sus libros que "La situación de Tenerife es quizás única en el mundo: ....esta montaña (refiriéndose al Teide) es, en efecto, particularmente favorable para la investigación de física y de astronomía" (Impressions et Observations dans un voyage à Tenerife,Ernest Flammarion, París 1912).

En 1959, el eclipse total de Sol visible desde Canarias atrajo de nuevo la atención de numerosos científicos, e hizo resurgir la idea de crear un observatorio astronómico en estas islas (ya sugerida por Mascart, pero truncada por la Primera Guerra Mundial). Es entonces, en 1960, cuando el Prof. Francisco Sánchez junto con el Prof. Torroja y el Padre Romaña deciden iniciar lo que son ya los primeros pilares de los actuales observatorios canarios. Comienzan las primeras prospecciones en Tenerife y La Palma.

En 1968, se establece JOSO (Joint Organization for Solar Observations), una cooperación entre las instituciones europeas de investigación solar para encontrar el emplazamiento para el observatorio solar ideal. Tras haber explorado más de cuarenta en el Mediterráneo y el Atlántico, se encontró que "a pesar de la gran homogeneidad de las masas de aire marítimas en estas zonas costeras, no son válidas para las observaciones solares de alta resolución". Consecuentemente, fueron propuestos dos lugares en las Islas Canarias de altas montañas inmersas en aire muy homogéneo: Izaña (Tenerife) y el Roque de Los Muchachos (La Palma).

El primer grupo de investigación astronómica (medio interplanetario) se estableció en la Universidad de La Laguna, en 1964. El segundo fue el de física solar, con el Prof. Kiepenheuer, director del Fraunhofer Institut. El primer instrumento que se instaló en Izaña y que dio lugar, además, a la fórmula de los Acuerdos Internacionales, fue el de Burdeos en 1964: un telescopio refractor solar Razdow de 25 cm, en una torre de 13 m, operativo en 1969. El Observatorio del Teide fue inaugurado formalmente en 1970, y en 1973 se creó el Instituto de Astrofísica en la Universidad de La Laguna, precursor del actual IAC. A partir de 1970, se instalan telescopios e instrumentos diseñados por el propio IAC y por otras instituciones y universidades extranjeras.

También comienzan las primeras exploraciones en áreas cercanas al Roque de los Muchachos y Fuente Nueva, en la Isla de La Palma. Los contactos oficiales entre instituciones europeas se inician en 1973 y en 1977 se forma el CCI (o Comité Científico Internacional) para la construcción del Observatorio del Roque de los Muchachos. En 1979 se firma un acuerdo de cooperación en astrofísica entre distintos países, entre los que figuran España, Dinamarca, Gran Bretaña y Suecia y, posteriormente, la República Federal de Alemania.

En el presente, los dos observatorios canarios (ORM y OT) disponen de telescopios y otros instrumentos astronómicos de 19 países para el estudio nocturno y solar, más las facilidades técnicas y científicas del IAC. La entrada en servicio en 2008 del Gran Telescopio CANARIAS (GTC), un telescopio óptico-infrarrojo de 10,4 m que acaba de realizar su primera luz, así como la reciente puesta en marcha del Centro de Astrofísica en La Palma (CALP), suponen nuevos avances.

Asimismo, el Observatorio del Roque de Los Muchachos y el Observatorio del Teide son, junto con Mauna Kea, en Hawai, y La Silla y Paranal, en Chile, los lugares de referencia para la instalación de los grandes telescopios del futuro, entre los que destaca el futuro gran telescopio europeo (ELT, de 30-40m) y el gran telescopio solar europeo.

Comentarios (1)

Compartir:

Multimedia

El autor

Antonia Mª Varela es Doctora en Ciencias Físicas (especialidad Astrofísica) por la Universidad de La Laguna e investigadora del Grupo de Calidad del Cielo del Instituto de Astrofísica de Canarias.

Entrevista a Antonia Mª Varela

Ver todos los artículos de Antonia Mª Varela

Casiana Muñoz-Tuñón es Doctora en Astrofísica por la Universidad de La Laguna. Actualmente es Directora de Proyectos de Investigación del Instituto de Astrofísica de Canarias, donde lidera el Grupo de Calidad del Cielo y la colaboración Estallidos de Formación Estelar en Galaxias.

Ver todos los artículos de Casiana Muñoz-Tuñón

Glosario

  • Atmósfera
  • Telescopio
  • Estrella
  • Focos del telescopio
  • Seeing
  • Radiación solar
  • Cometas
  • Contaminación lumínica
  • Grandes telescopios
  • Resolución