La luna del Yin-Yang

Ángel Gómez Roldán / 03-02-2006

Las personas solemos buscar parecidos en lo que observamos. Los niños ven animales y barcos en las nubes, los astrónomos distinguen dioses y monstruos en las constelaciones, y los científicos de la NASA comparan el satélite joviano Ío con una gigantesca pizza.

En el caso de Japeto, una de las lunas de Saturno, las primeras y borrosas fotografías (obtenidas por la sonda Voyager 1 en 1980) mostraban un pequeño disco con dos hemisferios claramente diferenciados, uno claro y otro muy oscuro, separados entre sí por una línea sinuosa. La similitud con el símbolo oriental del Yin-Yang fue evidente para los ingenieros e investigadores de la agencia espacial estadounidense que observaron las imágenes de este misterioso mundo helado.

Descubierto en 1671 por el astrónomo franco-italiano Gian Domenico Cassini, Japeto es, con 1.436 kilómetros de diámetro, el tercer satélite más grande de Saturno después de Titán y Rhea (aunque ocupa menos que la mitad de nuestra Luna). Con apenas 1,1 gr/cm3 de densidad, debe estar compuesto casi enteramente de hielo de agua (se puede comparar con la elevada densidad lunar de rocas pesadas de 3,34 gr/cm3).

Orbita bastante lejos de Saturno, a más de tres millones y medio de km, y tarda setenta y nueve días en completar un giro a su alrededor (sólo Phoebe, otra de las lunas, gira a mayor distancia). Asimismo, su plano orbital está bastante inclinado respecto al ecuador del planeta, peculiaridad que comparte con Phoebe. El resto de lunas saturninas giran ordenadamente en el plano del ecuador a semejanza de un pequeño sistema solar.

Durante sus observaciones en el siglo XVII, el astrónomo Cassini se percató de que Japeto era extraño. Según la parte de su órbita observada, su magnitud o brillo aparente variaba más del doble. De hecho, pasaba de ser visible a apenas distinguirse con su telescopio. Observaciones posteriores confirmaron que muestra dos caras radicalmente diferentes: un hemisferio orientado en la dirección de su movimiento orbital, el hemisferio anterior, que es negro como el carbón; y un hemisferio opuesto, el posterior, casi tan blanco como el yeso. La reflectividad del primero es de un 4% y la del segundo de un 60%.

Una de las explicaciones para la luna bicolor es que su hemisferio anterior está cubierto por una fina capa de material oscuro desalojado de Phoebe por impactos meteoríticos.

Parte del polvo expulsado de los cráteres, muy abundantes en su superficie, habría viajado por gravedad en dirección a Saturno, y podría depositarse en la siguiente luna: Japeto. El hecho de que Hiperión, que está después, también muestre en su superficie manchas de material oscuro parece reforzar esta hipótesis. En los dos últimos años, la sonda Cassini ha fotografiado a Phoebe, Japeto e Hiperión; y no pocos investigadores establecen una relación entre ellos.

El primer sobrevuelo cercano a Japeto, realizado por la nave Cassini, tuvo lugar el 31 de diciembre de 2004. Las espectaculares imágenes obtenidas (más próximas que las de las sondas Voyager catorce años antes) mostraban que el material oscuro que tapiza el hemisferio anterior está superpuesto a los accidentes orográficos, lo que indica que es relativamente joven, y que su procedencia no es fruto de un proceso interno, como se había especulado. Además, no existe evidencia de que haya habido fluidos eruptivos en esa zona, aunque un pequeño grupo de investigadores argumenta que el material oscuro podría proceder de erupciones tipo géiser (del estilo de las de la luna de Neptuno, Tritón), en las que partículas oscuras se acumulan en la superficie a medida que son expulsadas.

Dominado por una región densamente craterizada y antigua conocida como Cassini Regio, el hemisferio anterior de Japeto está casi uniformemente cubierto por dicho material oscuro. En la frontera con la parte más brillante, la superficie aparece como "pintada" con líneas oscuras en sentido norte-sur, de apenas unos kilómetros de anchura y unas decenas de longitud. Es interesante constatar que las paredes de muchos cráteres o fallas orientadas hacia el norte, en dirección contraria al ecuador, aparecen limpias de esta pátina oscura. Todo ello apunta a que el material oscuro se aplicó como con un spray gigante de pintura. La línea de investigación mayoritaria es la que relaciona estos depósitos oscuros con la caída de materia procedente de Phoebe.

Con Cassini también se descubrió una cordillera de montañas de entre trece y veinte kilómetros de altura, y unos veinte de ancho, que se extiende longitudinalmente casi paralela al ecuador de la luna por más de 1.300 km, dándole el aspecto de un hueso de melocotón (de nuevo los parecidos). Se debate si se trata de una formación de tipo plegamiento o, por el contrario, de una fractura a través de la cual ha emanado material del interior, que se ha acumulado formando la cadena montañosa. Sin embargo, el mayor misterio de Japeto continúa siendo el depósito oscuro que cubre Cassini Regio.

Habrá que esperar al próximo sobrevuelo de la sonda Cassini a unos 1.200 km de altura el 10 de septiembre de 2007, para saber más sobre Japeto, la luna del Yin-Yang.

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El autor

Ángel Gómez Roldán es Divulgador científico especializado en astronomía y ciencias del espacio, y director de la revista "AstronomíA".

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