Una estrella, muchas historias

Jorge García Rojas / 02-10-2007

Las civilizaciones antiguas usaban el movimiento en el cielo del Sol y la Luna como marcadores de tiempo. Los calendarios lunares, solares y luni-solares, por ejemplo el calendario occidental actual, constituyen una parte importante del legado cultural de la Antigüedad.

Pero, además de describir los movimientos de los cuerpos celestes (entre ellos, las estrellas errantes o planetas) y, en algunos casos, predecir con extraordinaria precisión fenómenos astronómicos como los eclipses, las civilizaciones de la antigüedad incorporaron a su mitología historias en las que relacionaban los asterismos estelares con animales y otros seres asociados a sus divinidades y creencias. Muchas de estas historias tienen orígenes muy antiguos y han llegado hasta nosotros a través de griegos y romanos.

La primera referencia histórica escrita a un grupo de estrellas data del año 2500 a.C. En unas tablillas del imperio sumerio (uno de los pueblos que habitó en Mesopotamia) se menciona a las Pléyades como Mul-Mul, que significa literalmente astro-astro. En esa época, para firmar las tablillas de arcilla se usaban cilindros-sello cuyas figuras podrían representar constelaciones, aunque no está claro que fuera así, y menos en todos los casos.

El conocimiento astronómico fue acrecentado en Mesopotamia por los hititas, asirios, caldeos y otros. Se sabe, por ejemplo, que la primera lista de constelaciones zodiacales (constelaciones situadas en la zona del cielo por donde se mueven el Sol y los planetas a lo largo del año) proviene del periodo asirio (s. IX-VII a.C.), y eran 18 constelaciones. No fue hasta el periodo caldeo (s. VI a.C.) que quedaron reducidas al actual número de 12. Aunque no eran exactamente las mismas que hoy en día, ya representaban a personajes o animales importantes en su mitología.

Gracias a su ubicación en la costa mediterránea, los griegos heredaron buena parte de la mitología mesopotámica, probablemente a través de los fenicios y las conquistas de Alejandro Magno. En La Ilíada y La Odisea, Homero cita a las dos Osas (o carros), las Pléyades, las Híades, Orión y el Boyero. Se trata de las primeras menciones griegas a constelaciones. Posteriormente, Hesiodo alude a las estrellas Arcturo y Sirio en Trabajos y Días.

La mayoría de los mitos asociados a las constelaciones actuales proceden de dos obras fundamentales, ambas del s. III a.C: Fenómenos , de Arato, y Catasterismos , de Eratóstenes. Catasterismos explica el origen de las constelaciones y asterismos según la mitología griega, en gran parte basada en la tradición helena, aunque es probable que algunas historias fueran aportadas por el mismo Eratóstenes. En el s. I a.C., Higinio y Manilio se basaron en las obras de Arato y Eratóstenes para escribir, respectivamente, Astronomía y Astronómicas, donde en algún caso se añaden versiones distintas del mito asociado a una constelación. Los trabajos de Hiparco (s. II a.C.) y Ptolomeo (s. I-II d.C), contribuyeron a dar a conocer los diferentes mitos.

Probablemente, la Osa Mayor es, además de uno de los asterismos más conocidos del firmamento, el que protagoniza más mitos en diferentes culturas. Puede verse desde los Pirineos hasta Nueva Inglaterra, incluyendo la antigua Grecia y Siberia. Uno de los mitos griegos asociado a esta constelación es el del nacimiento de Zeus. Su madre, Rea, lo entregó a las ninfas Hélice y Cinosura para salvarlo del apetito de Cronos, su padre. Una vez vencido éste en el enfrentamiento entre dioses y titanes, Zeus recompensó a las ninfas que lo criaron situándolas en el cielo con forma de osas: Hélice como la Osa Mayor y Cinosura como la Osa Menor.

Otra versión cuenta que la ninfa Calisto fue seducida por Zeus cuya esposa, Hera, se vengó transformando a la ninfa en una osa. El hijo fruto de esa relación ilegítima, Arkas, se convirtió en un gran cazador. Un día se disponía a disparar una flecha a una osa enorme cuando Zeus se lo impidió revelándole que era su madre. Para proteger a Calisto de futuros encuentros, Zeus la lanzó hacia el cielo agarrándola por la cola. También transformó a Arkas en oso de modo que su madre tuviera compañía en el cielo. Arkas es hoy la constelación de la Osa Menor y la punta de su cola la Estrella Polar. Sin embargo, Hera no estaba conforme. Con Calisto dando vueltas en el cielo eternamente, Zeus podía ver a su amada cuando se le antojara. Así que la diosa llamó a su hermano, Poseidón, dios del mar, y le hizo prometer que jamás permitiría que los osos celestes, Calisto y Arkas, se acercaran a sus dominios acuáticos.

Este mito "explica" por qué hace aproximadamente 2.200 años la Osa Mayor y la Osa Menor no se ocultaban nunca bajo el horizonte. Actualmente, la Osa Mayor sí lo hace parcialmente, debido al efecto de la precesión de los equinoccios, que ha desplazado el punto sobre el que parece rotar todo el firmamento a la altura de la Estrella Polar, en la constelación de la Osa Menor.

Los amoríos de Zeus son un tema recurrente. Por ejemplo, las constelaciones Tauro, Cisne y Géminis también interpretan historias asociadas a la incontinencia sexual del padre de los dioses. El mito de Perseo ha sido, asimismo, profusamente representado en el cielo. Todos sus personajes, desde la vanidosa Casiopea hasta el caballo alado Pegaso, pasando por Andrómeda, su padre Cefeo, su amado Perseo y el monstruo marino Cetus, se sitúan en una zona del firmamento concreta. A partir de la latitud de las Islas Canarias (aproximadamente 28,5º N), dichas constelaciones son visibles durante buena parte del año, aunque la época más adecuada para observarlas juntas es en otoño y a comienzos del invierno.

Una historia muy conocida es la del gigante Orión y el escorpión que le dio muerte. Eratóstenes relata que la diosa Artemis hizo surgir el escorpión de una colina de la isla de Quíos para que picara a Orión hasta hacerlo morir, pues había osado violarla durante una cacería. Sin embargo, Zeus elevó el gigante al cielo entre las más brillantes constelaciones para que las generaciones venideras conocieran su fuerza y poder. Cuando la constelación Escorpio sale por el este, Orión se pone por el oeste, con lo cual evitan encontrarse de nuevo. Participan en la historia tres constelaciones más:los perros que van junto a Orión (Can Mayor y Can Menor), cuyo origen es probablemente mediterráneo (griego); y a sus pies la Liebre, resultado de una cacería.

Muchas otras constelaciones, como Auriga, Corona Austral, Corona Boreal, Pez Austral, Cisne, Hércules, Dragón, Triángulo, Erídano, Lira, Ofiuco y los restos de la antigua Argo Navis, protagonizan muchos otros mitos. Queda a la curiosidad del lector descubrirlos.

Bibliografía:
"Historia de las constelaciones", Daniel Marín Arcones

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El autor

Jorge García Rojas es Doctor en Astrofísica por la Universidad de La Laguna.

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